miércoles, 2 de septiembre de 2009

EL ROSARIO DE LA AURORA




EL ROSARIO DE LA AURORA DE CÚLLAR

Conforme se acerca el otoño, aunque dados los rigores estivales que aún estamos padeciendo pueda parecer lejano, Cúllar se prepara para recibir cada madrugada de los domingos de octubre al centenario Rosario de la Aurora. Yo no sé bien la antigüedad de esta tradición en nuestro pueblo. Consultadas varias fuentes relativas a los orígenes de los rosarios de la Aurora en distintos lugares de España el abanico de fechas es muy amplio. Hay sitios que cifran su comienzo en el siglo XV. En otros lugares indican como comienzo el siglo XVII y otros a finales del XIX o principios del XX. Por tanto yo no me atrevo a establecer ninguna fecha, que seguramente estará documentada en algún sitio, solo puedo decir que mis abuelos, de chicos, ya escuchaban en las frescas mañanas de octubre las coplillas de la Aurora por las calles de Cúllar y es justamente en este hecho en el que quiero centrarme.

Siendo yo muy niño oía entre sueños y como de muy lejos aquellos golpes secos de bombo y platillo y las voces de los músicos, casi de ultratumba, cantando a la Aurora al amanecer. Esa
musiquilla me gustaba y me llamaba la atención hasta tal punto que las noches de los sábados de octubre empecé a irme a dormir al piso de mis abuelos que tenían un dormitorio con un balcón a la calle Pérez que me permitiría escucharlos mucho mejor. Así fue naciendo mi vocación aurora que se vio incrementada por el hecho de que con diez años me iniciaba en el acompañamiento de guitarra lo que me permitió incorporarme en el año 1961 a la rondalla.

Recuerdo que me dieron una
cálida acogida en mi primera madrugada. En aquellos tiempos, a las cuatro de la mañana, se reunían los componentes de la rondalla de la Aurora en el Bar España que regentaba Pedro Cañadas, que en paz descanse, que tocaba la guitarra y cantaba en el Rosario. Entre vuelta y vuelta al clavijero y con el animo de templar al mismo tiempo el instrumento y el cuerpo, algo cortado por el madrugón y el frio, me invitaron a beber un trago de aguardiente que, os aseguro, no cumplió con su cometido, más bien al contrario, ya que me provocó una tiritera que afortunadamente pasó pronto. Así fue mi bautizo de fuego en la Aurora y así fue como me enganché a esta tradición tan de Cúllar. En estos mis primeros tiempos , tras afinar los instrumentos, se salía en pasacalles llamando a los hermanos a levantarse para asistir al Rosario.
A partir de aquí mi
participación e implicación han sido permanentes asistiendo siempre que he podido a los rosarios y promocionando, aunque de una forma modesta, el conocimiento de esta parte de nuestra cultura. Sin ir más lejos, en el año 2000 en que tuve el grandisimo honor de ser pregonero de las fiestas de Moros y Cristianos dediqué parte del pregón a ensalzar y recordar los Rosarios de la Aurora.

Después
de tantos años resulta inevitable recordar ciertos momentos especiales vividos que, de alguna manera, justifican y compensan de las madrugadas y los fríos pasados. Recuerdo al clarear el día, una mañana del ultimo domingo de octubre de hace no se cuantos años, que estábamos cantando a la Virgen en la Plaza del Barranco y, al mismo tiempo, llegó un autobús procedente de la Costa Brava cargado de paisanos nuestros que regresaban tras haber echado la temporada en los hoteles. Esta coincidencia resultó de una grandisima emotividad y a más de uno la voz no nos salía del cuerpo al ver las lagrimas que resbalaban por la cara de algunos de los viajeros recien llegados. Mañana preciosa e inolvidable.

También
resulta inevitable recordar las paradas realizadas "in memoriam" de los siempre añorados compañeros que nos dejaron, a cuyo grupo y, aunque hacía mucho tiempo que no nos acompañaba en la Aurora, se ha unido tan prematuramente Antonio "el Palillero", a quien este próximo octubre le llegarán los sones familiares y el sabor añejo de las coplillas del rosario de su pueblo.

El
café en "Los Candiles" tras la Misa. Reconfortante y aromático, restaurador del animo, siempre conversado con los madrugadores, con sabor a nostalgias y recuerdos, con la presencia intangible pero cierta de Sandalio "el Tenaco" fiel seguidor de la Aurora que siempre, incluso un año que no estaba en Cúllar, llamó desde Barcelona para interesarse por nosotros y para que el café estuviera a punto. Su hijo Paco y su nieto, también Paco, han seguido su estela y el ritual sigue siendo el mismo. La variante familiar añadida desde hace bastantes años, magnifica por cierto, la encontramos en los churros con chocolate que el Lalo y Rosi tienen dispuestos para terminar de reparar las averías del madrugón. Esta parte de la tradición es fundamental como podéis imaginar.


Para terminar os dejo este video que hizo el año pasado José Antonio "el del juez" al que agradezco enormemente que me haya facilitado una copia. Espero que lo disfruteis.

Tengo previsto hacer unas segundas reflexiones sobre la Aurora, en breve, para lo que me gustaría contar con vuestras opiniones. Hasta pronto.


PARA VER EL VIDEO PINCHAR EN EL CUADRO:


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